Recomendaciones literarias
- 4 abr 2020
- 8 Min. de lectura
Walter Gropius. La vida del fundador de la Bauhaus
Fiona MacCarthy
“Cuando era pequeño, me preguntaron por mi color favorito. Durante años, mi familia se estuvo burlando de mí por contestar, después de pensármelo un momento: ‘Bunt ist meine Lieblingsfarbe’, que significa ‘mi color favorito es el multicolor’” (Walter Gropius)
¿Quién es Walter Gropius? Esta es la pregunta que Roger Graef lanzaba en su 1967 en su documental sobre el arquitecto y a la que Fiona MacCarthy intenta dar respuesta en Walter Gropius. La vida del fundador de la Bauhaus. Para ello, la autora desentraña la trayectoria profesional y personal del berlinés, lo que implica realizar también un análisis de la creación y evolución de la Bauhaus, de la que él fue director y cuyos avatares están íntimamente relacionados con su propio desarrollo personal.
Nació en Berlín el 18 de mayo de 1883 y dicen que fue un hombre con un carisma extraordinario. MacCarthy, que llegó a conocerlo en 1968, cuando Gropius contaba con 85 años, nos recuerda en esta biografía cómo se mantuvo más de veinte años, entre 1910 y 1930, en el centro del arte y del diseño moderno de Europa y que sus edificios siguen resultando impresionantes por su innovación. Por otro lado, como fundador y director de la Bauhaus, inventó un modelo de educación creativa que influenció a escuelas de arte de todo el mundo. La publicación es prolija en los detalles acerca de la fundación y desarrollo de la escuela (de cuyo nacimiento se cumplen ahora 100 años) en todas sus etapas y en lo que se refiere a los personajes, artistas y profesores que pasaron por ella: Kandinsky, Klee,Moholy-Nagy, Albers, Breuer, Van der Rohe… Deja constancia de la sintonía con creadores como Klee o Kandinsky (de los que hemos sabido con esta lectura que fueron los testigos de su segunda boda) y de sus diferencias con otros como Johannes Itten o Theo Van Doesburg.
Tras un primer capítulo centrado en sus orígenes familiares, en el que, entre otras muchas cosas, se menciona la relación de su tío abuelo Martin Gropius con el también arquitecto Karl Friedrich Schinkel, cuyo clasicismo le influyó y se evidencia en el Kunstgewerbe, museo berlinés de estilo renacentista hoy conocido como Martin Gropius Bau. Como toda buena biografía, esta se entremezcla constantemente con la vida de otros personajes que se cruzaron y fueron importantes, e incluso decisivos, en la existencia de Walter Gropius. Encontramos también referencias (y foto) de su paso por el ejército o un episodio en el que se cuenta lo determinante que resultó para su desarrollo creativo un viaje a España entre 1907 y 1908, que lo marcaría de por vida. Tenía entonces 24 años y ya ejercía como arquitecto. De él se relata, por ejemplo, la conmoción que le provocó la visita a Santo Domingo de Silos, con misa gregoriana incluida, y su interés por los azulejos tradicionales de estilo morisco y los azules y blancos de la zona de Cataluña, cuyos métodos artesanales llevaría después a la Bauhaus.
Inseparables de su recorrido profesional discurren los detalles de su historia más personal, lo que incluye lo relacionado con las mujeres –a las que al parecer resultaba tremendamente atractivo– que formaron parte de su vida, desde la intensa y turbulenta relación con Alma Mahler, su primera esposa, a Lily Hildebrandt, la poeta Maria Benemann, o la que se convertiría en su segunda mujer, Ise Frank. Esta última, gran intelectual, contribuyó a modernizar la Bauhaus, conectando a las distintas generaciones y arbitrando también entre hombres y mujeres. En este sentido, descubrimos en el libro el curioso dato de que las cifras de inscripción a la Bauhaus indican que con frecuencia había más alumnas que alumnos y menciona a algunas de las más destacadas, como fueron Anni Albers, Gunta Stölzl, Marguerite Friedlaender o Marianne Brandt.
La autora nos recuerda también que cualquiera que escriba una biografía sobre Gropius en la actualidad tendrá que enfrentarse a la acusación vertida sobre el arquitecto de ser simpatizante de los nazis. Pese a no tener ninguna afinidad con las facciones nacionalsocialistas locales de Weimar y a que le horrorizaban las tendencias cada vez más represivas y hostigadoras de la política alemana, a su regreso a Berlín la necesidad de mantener su oficina de arquitectura le obligó a aceptar algunos encargos, hasta que en 1933, con el ascenso de Hitler al poder y su persecución de lo que consideraba “arte degenerado” Gropius fue “invitado” a exiliarse en Londres. Allí, su casa se convertiría en punto de encuentro para artistas e intelectuales. Allí recibiría también la triste noticia del empeoramiento de salud de su hija Manon, fruto de su fracasado matrimonio con Alma Mahler, y de su muerte, sin tener el tiempo ni la posibilidad de acudir a despedirse de ella. Este es quizás uno de los capítulos más novelescos dentro de la biografía, debido a la personalidad de Alma, a su negativa de retrasar el funeral para darle tiempo a Walter a llegar desde Inglaterra y al proceso de santificación de Manon, convertida desde entonces en leyenda.
En lo profesional, la estancia inglesa –que ocupa los capítulos centrales del libro– no fue precisamente un camino de rosas para el arquitecto y en 1936 el matrimonio Gropius se trasladaría a Estados Unidos. Allí, Walter trabajaría como profesor en la Universidad de Harvard y se asociaría con Marcel Breuer, unión que solo duraría cinco años. Fue en Estados Unidos donde llegó a convertirse en un arquitecto de fama mundial, donde se jubilaría y donde pasaría sus últimos días, hasta su muerte el 4 de julio de 1969.
Gropius le contó a Fiona McCarthy que había vivido tres vidas diferentes, primero, en Alemania, la de un arquitecto joven y radical; después, la del fundador y director de la Bauhaus; más tarde, la huida a Inglaterra por Roma en 1934, a la que siguió otra migración más, que le mantendría más de treinta años en América. De todas ellas ha sabido dar buena cuenta aquí.
TÍTULO: Walter Gropius. La vida del fundador de la Bauhaus AUTORA: Fiona McCarthy EDITORIAL: Turner COLECCIÓN: Noema EDICIÓN: 2019 PÁGINAS: 600 pp. PRECIO: 29,90 euros
La Genealogía del Color
Emilia Azcárate
Para poder entender el trabajo de la artista Emilia Azcárate recogido en La Genealogía del Color, publicado por Turner, debemos remontarnos al siglo XVIII y a la denominada pintura de castas, un género pictórico desarrollado principalmente en México y Perú que representaba los distintos cruces étnicos posibles en la colonia de Nueva España, entre indígenas, españoles y africanos. El tema, bastante desconocido en general, resulta apasionante porque este arte jugó un papel crucial en la construcción de las identidades y del poder colonial en América.
Estas pinturas, que solían componer series, mostraban a una pareja, cada uno de una raza distinta, y junto a ellos uno o dos hijos, además de un breve texto descriptivo de las castas que se unían y de la mezcla resultante. A los descendientes de mestizos (español-indio), mulatos (español-negro), zambos (negro-indio), y sus variantes en función de que su tez fuera más o menos oscura, se les daban nombres como albino, torna atrás, grifo, zambaigo, tente en el aire, coyote, no te entiendo o ahí de estás. Azcárate explica cómo al intentar comprender las complejidades de las mezclas y de las denominaciones, por ejemplo en el caso de los llamados albinos o del origen del término mulato, descubrió que las inscripciones de las pinturas de castas a menudo articulan lo que los cuadros en sí esconden.
A raíz de investigar sobre estas singulares pinturas, Azcárate elaboró su propia interpretación sobre el lenguaje y el color en ellas. Determinó que cada uno de los colores primarios representa una raza y es desde esa teoría desde la que elabora un código en el que cada mezcla se resuelve con porcentajes de esos colores. Utiliza el amarillo (tradicionalmente vinculado al oro y al sol) para los amerindios, el cian para los africanos (para simbolizar la fuerza y la resistencia que la artista relaciona con el océano y el cielo) y el magenta para los españoles (en alusión a su obsesión con la limpieza de sangre, el linaje de cristiano viejo y el estatus superior). Más allá del color, a partir de las inscripciones en las pinturas de castas, Azcárate elaboró también un alfabeto codificado a modo de jeroglífico, que cumple una doble función, narrativa y formal.
El libro incluye imágenes de las obras de Azcárate, así como vistas de la exposición en la galería Henrique Faria Fine Arts, de Nueva York, donde pudieron verse expuestas entre el 1 de noviembre de 2018 y el 2 de febrero de 2019. La publicación cuenta con textos del historiador del arte Juan Carlos Ledezma y del científico Philip Ball, quien habla sobre la teoría del color, además de con una conversación entre la artista y la especialista en pintura de castas, Ilona Katzew (curadora y jefa del Departamento de Arte Latinoamericano de Los Angeles County Museum os Art. LACMA)
Emilia Azcárate (Caracas, 1964) estudió Bellas Artes en el Saint Martins School of Art en Londres. Fue Premio Arturo Michelena en Venezuela y en 2006 recibió una beca de la Cisneros Fontanals Foundation. En 2016 participó en el LARA Residency Program en las islas Galápagos, Ecuador. Vive y trabaja en Madrid.
TÍTULO: The Genealogy of Color / La Genealogía del Color
AUTORA: Emilia Azcárate
EDITORIAL: Turner.
EDICIÓN: 2019
PÁGINAS: 160 pp.
IMÁGENES: 80
PRECIO: 30 euros
Noticias de pintores
María Luque
La dibujante María Luque ha reunido en Noticias de pintores 94 anécdotas que nos muestran la historia del arte desde el lado más personal y cotidiano de sus protagonistas, retratando a un variado y amplio espectro de creadores entre los que encontramos figuras muy significativas, desde Jan van Eyck a David Hockney.
“Siempre me interesó la historia del arte pero en realidad lo que más me intriga es la vida de los pintores”, dice Luque. Para su realización, la artista buscó y rebuscó en las propias autobiografías de los autores, en libros como el mítico Vidas, de Vasari, en Portraits, de John Berger, o en Mundo y Vida de grandes artistas, de Paul Westheum, además de en noticias, ensayos y documentales. Así, desde la curiosidad y a partir de sus investigaciones fue condensando en ilustraciones todos sus descubrimientos. “Leonora Carrington tenía premoniciones cuando miraba fijo a los ojos de un caballo”; “El Greco contrataba músicos para que tocaran mientras cenaba en su casa de Toledo”; “Renoir pasaba mucho tiempo en las tiendas eligiendo los sombreros para usar en sus pinturas”; “Giotto vio el cometa Halley cuando pasó por el cielo en 1301. Lo pintó en uno de los frescos de la Capilla de los Scrovegni. Ese azul ultramar que usaba para pintar los cielos era más caro que el oro”; “Émile Bernard pintó un autorretrato por año durante 55 años”; “A Sonia Delaunay le fascinaba la luz de Portugal”; “Jackson Pollock era un gran pastelero”; “Hannah Höch no dejaba que nadie tocara las tijeras que usaba para hacer fotomontajes”; “Además de pintar, Lucas Cranach fundó una imprenta, abrió una librería, un taberna y una farmacia”. Las anécdotas, pintadas empleando exclusicamente los colores azul y rojo, pueden ser simples frases o pequeños capítulos de dos o tres páginas en los que entra en juego una pequeña narración, como en “Una visita al MOMA con Basquiat y Suzanne”, “Almuerzo con Eileen Agar”, “Visita a la casa de Leonor Fini”, “Visita al taller de Bridget Riley”, el viaje de Paul Klee a Túnez en 1915, o el bonito relato sobre cómo Natalia Goncharova leía las manos en las fiestas.
María Luque (Rosario, Argentina, 1983) obtuvo en 2017 el premio novela gráfica Ciudades Iberoamericanas con Casa transparente. Un año antes había publicado La mano del pintor, novela gráfica dedicada a Cándido López, Mejor Libro Ilustrado 2017 por la Cámara Argentina de Publicaciones. Además de dar cuerpo a sus publicaciones, sus dibujos han sido expuestos en distintas ciudades de Argentina, Chile, Perú, México, España y Portugal.
TÍTULO: Noticias de pintores
AUTORA: María Luque
EDITORIAL: Sigilo
EDICIÓN: 2019
PÁGINAS: 160 pp.
PRECIO: 21 euros








































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